Jade May Hoey

1974-2004

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6.10.05

Soldado desconocido se reporta



Foto de la web de Garcés

¿Una imagen vale más que mil palabras? A veces sí, pero mucho me temo que esta vez sea necesario apelar a ellas, una vez más.

Si fuera buen lector no me temblaría el pulso para decir que fue Deleuze quien hablara de los escritores como los médicos del mundo, pero en efecto: no sólo soy mal lector sino que además mi memoria es abominable, pero podemos hacer de cuenta que fue él quien lo dijo, da igual.
Para ser médico es necesario tomar una serie de recaudos previos. Con la sola vocación no es suficiente. Más aun: uno puede ser médico incluso careciendo de toda vocación. Basta un diploma, es decir la ratificación que expide una institución de capacidad reconocida, que es capaz de dar fe de que el sujeto mencionado en el cartón es idóneo para meter mano en la salud de sanos y enfermos.
Pero una cosa es ser médico y otra poder curar. Aunque nunca he creido demasiado en ellos, debo reconocer la existencia de los curanderos. ¿Quiénes son? Nadies, apenas unos seres que se creen tocados por una varita que les otorgó el don. No tienen más ratificación que la que les da un grupo al que pertenecen, grupo que debe ser -casi necesariamente- reducido. Aunque tomen para sí el acto de curar como su lugar en el mundo, en realidad se dedican a otra cosa. Pueden ser carpinteros, empleados ferroviarios, reposteros, vendedores de diarios, amas de casa, eso es lo de menos, en particular porque son capaces de desatender cualquier demanda de su actividad oficial con tal de concurrir a un llamado. Y no se llevan un centavo. Cuando el beneficiario ha echado mano a su billetera ellos ya se fueron.
De acuerdo a la magnitud de los prodigios que la fe pública les atribuya, crece su pequeña fama y se agranda la lista de sanados. Pecan por la falta de nombre, está claro; se llaman doña Rosa, Carmela, don Esteban, el viejito Rodriguez, lo que no deja de ser interesante. Sobre todo porque ese pequeño nombre se lo han ganado con su entrega. Tal vez por eso en los pueblos resulte tan chocante el desembarco de un médico nuevo, joven, ambicioso. Soy el doctor Fulanito, encantado, y así. Primero que nada "doctor", después vemos, pero ya el título nobiliario los provee de una ganzúa que abre casi todas las puertas. Podrían mostrar sus méritos en el terreno, de hecho tantos lo hacen, pero causa fastidio que sean tantos los que tengan que cobijarse bajo el apelativo a la hora de pedir crédito en la verdulería.
Cada tanto un curandero se las ve con un médico. En general sólo oye reproches más o menos enérgicos que se enderezan a disuadirlo. Basta de invadir mi territorio, si no de qué me valen todos los años de estudio, noches y noches quemándome las pestañas. Acá hay horas culo, podrá decir el galeno señalando el diploma enmarcado que decora la pared. Sólo unas pocas veces, y de parte de médicos experimentados, puede esperarse que deriven un paciente. A los empachos, todo el mundo lo sabe, la medicina no les encontró la vuelta.
¿Es forzada la convivencia? Si lo es, yo no veo por qué, pero no soy de fiar: la vista no me ayuda. ¿Hay buenas razones para la colisión? Con un poco de ingenio siempre se encuentra un argumento que defienda lo que no resiste la menor defensa. El que no lo crea, que haga la prueba, aunque más no sea para ejercitar el pensamiento.

Por cosas parecidas a éstas, estoy enfurecido por el suicidio de Gonzalo Garcés. Ahora sabemos que se inmoló tras los pasos del último suicida ilustre de la literatura argentina: Ricardo Emilio Piglia Renzi.
El tema no es menor. El pobre Gonzalito escribió lo mejor que pudo una diatriba contra los blogs. Ser mal escritor se le perdona a cualquiera, incluso a él. Lo que es intolerable, por lo menos yo no lo puedo tolerar, es la actitud. Es un gurka, o menos que eso. Sus palabras sucedieron en las vísperas de la toma de estado público de una condena judicial, condena que recayó en el mentado Piglia Renzi, en la editorial Planeta y en el -ahora- agente literario de ambos, Guillermo Schavelzon, otrora jurado del premio de la discordia
¿Por qué lo hizo? Muy sencillo. El demandante, a la sazón vencedor en la disputa, Gustavo Nielsen, ha encontrado en el blog un espacio para publicar sus textos más allá de la industria, dejando en claro que lo importante es escribir, más allá del medio en el que se lo haga.
¿Por qué hablo de esto acá? En primer lugar porque ya lo hice antes. En segundo lugar porque ventilar la actitud cipaya de Garcés es un imperativo ineludible. Tercero porque creo en el ejército de soldados desconocidos que pelean todos los días desde un blog, aun sin saberlo. Y creo en ellos porque no tienen bandera, ni agremiación, ni diploma y escriben (bien, regular o mal, sobre asuntos importantes o triviales, mirando horizontes literarios, culos femeninos o el reloj de pared de una oficina pública), porque les pica la mano. Y nada más.

Otras fuentes: Milanesa con Papas (1), (2), Santos y Demonios, Doke Libertario, Literpais, Póstumos, Hargentina

Comments on "Soldado desconocido se reporta"

 

Blogger Señor Web said ... (6/6/12 22:09) : 

cuanto soldados desconcido debe haber...

un cordial saludo
consejos de amor
un amor imposible

 

Blogger Señor Web said ... (7/6/12 11:14) : 

un cordial saludos mi amigo. me encanta tu blog

un cordial saludo
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