Jade May Hoey

1974-2004

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9.10.07

Culpa de un chascarrillo dejado a la mitad

Hoy me acordé de Fede, un flaco intrascendente con el que tuve ocasión de compartir algunas salidas nocturnas. Sábados de cortejo excesivo. Un día anduvimos un buen rato destrás de una morocha que decía llamarse Sofía. Era más linda que comer pollo con la mano y tenía ese mohín de oler todo el tiempo mierda que algunas mujeres piensan que les queda bien, pero es bueno que sepan que nunca queda bien. O casi nunca. A Sofía le iba bien. A Sofía, un sábado en que era cortejada en exceso por un trío de vándalos mal comidos, le iba bien. El cortejo era de lo más vulgar. Fede le contaba que él estudiaba Filosofía, como si con eso mostrase la credencial de un polvo prometedor. Filo, amor, le decía; Sofía, el saber. Sofía: te amamos, ¿lo entendés? Sofía no entendía nada. Pedía puchos y le ofrecíamos y después fuego y por último se marchaba, dejándonos, a falta de un cigarrillo, un poco más solos.
Fede decía que estudiaba Filosofía porque era poeta. Nadie se lo creía demasiado. Cuando se ponía a describir la mina que más le había sacudido la estantería apenas si aclaraba que era una mina bastante común, con el pelito por acá, y a nosotros nos daba una risa que se lo perdonábamos.
Antes había estudiado periodismo. Y mucho antes ciencias políticas. Eso se lo contaba a quien se lo preguntase, pero yo nunca le creí. En todo caso, lo más seguro es que hubiese pasilleado con la escopeta cargada. A falta de buenos ejemplares, uno siempre acaba por marcharse.
Mi generación lo ha detestado por varias razones. Una de ellas, aunque no la más significativa, es que le gustaba amenazar con matarse. No he pasado por el trance de tener que atender alguno de sus brotes, pero mucho me temo que no le hubiera dado pelota. Los tipos somos así. A lo mejor las minas le dan bola a esas cosas, yo no sé bien, pero a juzgar por lo que ganaba con tan pedorro bla bla, sí que le daban bola.
Una noche embaucó a una coloradita que decía estudiar en La plata. Era tiempo de vacaciones de invierno y los bolichitos estaban llenos de chicas que andaban de paso. Esta era una de esas. No era gran cosa, en realidad, pero el color del pelito da punto bonus. Además, se confesaba fanática de Bramhs. Un tipo de a pie, digamos yo, se enamora. Fede esa noche estaba en otra. No se lo veía muy concentrado en la presa, que por si poca cosa fuera, traía como un apósito a su hermana bebida. No me quejo. La hermana bebida lo primero que hizo fue aferrarse a mí en un abrazo grotesco, no por amor a primera vista sino más bien para no caerse entre los apretujones y el mareo.
Me invitaba a besarla. Bah, casi me lo exigía, y yo no accedía, mitad porque me gusta hacerme rogar, mitad porque era bastante fea en relación a su hermana. Soy fea, me decía al oído, soy fea, gritaba para que todos la escuchen.
La coloradita también le mangaba –sin suerte– besos a Fede. Ya se había confesado despechada. Había otro pibe, algo más chico que nosotros, más apropiado para ella, que también la despreciaba y le había dado por vengarse, pero no mucho.
Creo que nos escapamos de ahí. Cuando nos quisimos dar cuenta, medio boliche nos perseguía por algo que no habíamos hecho.
Pero volviendo a Fede, lo he detestado en razón de su madre, padecida durante dos largos cuatrimestres en la universidad.
Algunos de mis compañeros todavía se acuerdan la tarde aquella en que quiso dejarme en ridículo delante de todos. Ella leía en voz alta algún librito posmoderno de esos que suelen ser modas de un verano y, a propósito de un chascarrillo que quedó a medio camino, me invitó a que dijera algo, ya que tantas ganas tenía de decirlo. Y yo lo dije. No precisamente dije lo que pensaba, lo que, después de todo, era un secreto a compartir con mi compañero de banco sino lo que me creí un conejo sacado de la galera.
Si Nietzsche, dije, tomándome todo el tiempo, postuló en Así habló Zaratustra que el hombre había matado a dios por ese afán de seguirlo a todas partes, en este tiempo de Internet, gps y la mar en coche, ¿no acabaría el hombre por matarse a sí mismo en razón de esa misma omnipresencia?
La clase rompió en gritos que, lejos de apoyar o refutar mi inquietud, tendían a asociar mi discurso al de un borracho de la peor calaña. La vieja apenas reculó y dijo algo que ya no tuvo la menor importancia. En esas aulas, un tipo que lee libros raros es digno del mejor de los desprecios.
Los contadores son así. Ahora me viene a la mente una anécdota que me contó un amigo.
Gente bien y de bien, a poco de comprar una computadora –no la primera ni mucho menos en esa casa–, él tuvo la gran idea de conseguir un protector de pantalla que le gustase a su hermanita menor, uno con cuadros de Dalí. Su padre, contador, y no obstante un buen hombre, según tengo entendido, de esos que son dignos de quedarse a vivir en uno en el mejor de los recuerdos, se sentó alguna vez a la máquina, la encendió, quizás desplegó sobre la mesa los papeles de trabajo y antes de que el gallo cantara por vez tercera salió al pasillo disparado como un rayo y era un solo grito: un jáquer, un jáquer, la máquina está llena de imágenes raras. Mi amigo –que jamás me perdonará que cuente esto que cuento– no se queda con el detalle de el casi analfabetismo digital de su padre. Prefiere, en cambio, recordar y con una sonrisa, a ese buen hombre que veía imágenes raras en los cuadros de Dalí.
Y es así nomás: se puede ser contador e ignorar por entero la existencia de un señor Dalí. No importa. Siempre hay alguien peor y si de profesiones hablamos, no hay ni habrá gente más ignorante que un abogado. Bah, sí, la ignorancia por estos lares cotiza en bolsa; lo letal es el maridaje entre ignorancia y soberbia.
Hace poco, según me cuentan, un abogado se puso a gritar en una oficina pública algo que yo no había oído jamás de los jamases, y eso que soy de parar la oreja incluso cuando no me llaman.
–¡Yo no tengo CUIT, yo soy abogado!
El CUIT (que bien podría decirse en femenino) alude a la clave de identificación tributaria que tienen casi todos los mortales, bah, todos los mortales que tienen ingresos que interesen al fisco, o sea todos los mortales. La frase es sólo equiparable a la celebérrima: ¡No me peguen, soy Giordano!
Alguien toma al abogado por un brazo y lo retira de la sala.
Telón.
A veces pienso que Fede ya es historia, que alguna vez tuvo que llevar su actuación al límite y se le fue la mano, pero eso de revolver mucho en tiempos idos no es cosa mía.
Buenas noches.

Comments on "Culpa de un chascarrillo dejado a la mitad"

 

Anonymous maray said ... (10/10/07 13:21) : 

te voy a decir en mi idioma: "quero morrer tua amiga!" Porque tener a vos como enemigo deve ser la mas dasafortunada suerte...

 

Anonymous Anónimo said ... (13/10/07 03:33) : 

Por supuesto que me gustó que contaras la historia!

Tranquilidad y vino fresco!!

 

Anonymous Anónimo said ... (13/10/07 05:24) : 

...

...é maray tem muito patagónico bom de faca...

... e acho que jorge tem sangue alemá... que tb é otra coisa a considerar...

maracucho (venezuela) escribendo desde poa (porto - que te quiero- alegre)...

 

Anonymous maracucho said ... (13/10/07 05:26) : 

...

Sí por supuesto!!! Tranquilidad y vinho fresco!!!

...

 

Anonymous Anónimo said ... (13/10/07 05:31) : 

...

más para maray: "Dó um boi para no entrar em uma briga... e uma boiada para no sair..."

Acho qué é um ditado gaúcho... al menos é lo que me faló uma gaúcha de são gabriel...

...

 

Blogger mara said ... (14/10/07 12:56) : 

hm

 

Anonymous Anónimo said ... (15/10/07 09:03) : 

Le mandé "Play for today" a un amigo que vive en Francia hace muchos años y me contestó ésto:

"Me parece el castellano mejor escrito que leo desde
hace mucho tiempo.

Además, The Cure es para mi el mejor grupo de rock de
la historia. "Like cokatoos" es mi tema favorito".

Saludos.

 

Blogger kurubeta said ... (19/10/07 01:45) : 

Què es " la mar en coche"?

 

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