Jade May Hoey

1974-2004

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17.9.07

Amarcord

Los dedos duros como para escribir algo decente, eso sí, pero pensamientos revueltos, muchos, suficientes para una ensalada y con todos los aderezos. Me pregunto qué es lo que podría ponerme a escribir ahora mismo con tal de salir del paso, y de paso quebrar el silencio. Debería sentirme un criminal, no por el hecho de no tener una coartada para no escribir sino por algo bien diferente; no debería ser gratuito no tener ganas de escribir y sin embargo hacerlo, sin objeto, sin tiempo, por el simple capricho de mancillar la hoja en blanco, pero vamos.
Mensaje: no me curo de la gripe, hoy suspendemos.
Lo leo en la cama. Hago a un costado el sueño, leo sin entender. Es temprano. Ya se verá qué es lo que hago.
Duermo.
Despierto y ya soy dos horas más viejo. Pero todavía es temprano. ¿Y si lo llamo? Sí, lo llamo, pero después, cuando me vista. Vuelvo a dormir. Mando el mensaje. Ahora sí que ya es tarde.
Nadie me contesta.
Me visto, me lavo los dientes y un poco la cara. Busco una bolsa para ocultar la botella. Me queda un Graffigna etiqueta naranja. Con la excusa de la veda, me vi forzado a hacer un poco de bodega. Es noche fría de primavera en ciernes. Las calles se hacen largas a esta hora. No andan ni los fantasmas.
Me pesa el saco. Me siento, sin embargo, desnudo. Elijo las veredas sin perros. Voy por la mano izquierda, pero no pocas veces me cruzo. Ante mi paso se enciende algún farol.
A poco de llegar a Cabot veo su casa. Están las persianas bajas, pero puede que la vista me engañe. Ya estoy acostumbrado a eso. Camino un poco más despacio, como si quisiera darle tiempo a que se despierte. Es viernes. Por ahí pinta salir, y si pinta salir, a nuestra edad, lo mejor es echarse una buena siesta antes. No queda lindo interrumpir el cortejo de alguna pendeja a bostezo limpio. Pero las persianas siguen bajas. Esta y aquella. Podría mirar por encima del muro. Si estuviera el auto guardado, yo podría tocar el timbre hasta que este pedazo de infeliz se levante, pero si por esas cosas de la vida, justo pasara un cana y me tomara en situación de pizpear por encima del muro, me vería obligado a dar explicaciones que no quiero dar. Este es barrio de gente bien. Hay tanto choreo, que seguro que un par de canas andan en las inmediaciones.
Hago tiempo de acordarme de algo. Dos años atrás, dos que bien pueden ser tres, acá a la vuelta, sobre la Rondeau, me paró la cana. Eran tres y en un patrullero. La Rondeau es tan angosta como las calles del microcentro porteño. Yo iba por la mitad de la calle. El auto me encandiló y quise subirme a la vereda. Ya los pasaba cuando uno me dio la voz de alto. Me sentí un chorro. No tenía ninguna razón para andar por la Rondeau más que conocer un poco el barrio. Me permite lo que lleva en la bolsa, me dijo uno. Sí, cómo no, quise hacerme el simpático. Era un libro, el tomo uno de Los mitos griegos. Robert Graves. El cana hizo la cara que bien podría haber hecho Drácula si le mostraban una cruz. Dónde va, me dijo. Marconi y Michael Jones, dije, por decir algo. Vaya nomás. Me iba nomás. En eso uno me grita. ¿Su nombre?. Benjamín Matienzo, debo haber dicho.
La puta madre, pienso. Hace media hora que mandé el mensaje, éste no responde, las persianas están bajas. ¿Dónde se habrá metido? ¿Se habrá ido a Mallorca? Tanto amenazar, tanta despedida en cuotas, no me asombraría que lo hayan llamado de apuro. Pero, ¿tanto como para irse sin decirme chau? Bah, quién sabe.
Hemos pasado años sin vernos. El destino, las minas, esas cosas que se ponen en el medio, hasta que un día lo llamo, y ahí nomás, al rato, se aparece por el estudio, porque debe ser el año 2001 y yo tengo estudio, no tengo un mango, no tengo pilcha qué ponerme, pero tengo una oficina en Pellegrini y Paraguay, teléfono, internet, clientes. Me falta dónde dormir, pero tiempo al tiempo. Nos saludamos con alguna distancia, pero al rato ya somos los que éramos. Quiero decir: nada que haga ni puta referencia a la nostalgia. Otra cosa. Como si la semana anterior hubiésemos estado juntos.
Pero no. Ya no éramos los que fuimos. Antes viajábamos. No llegamos a la cordillera, pero, cada tanto, nos escapábamos al dique o a Pirámides, o a Santa Isabel, o a Gaiman. Pensar que saltamos en la pasarela que varios años después cedió bajo los pies de esas maestras y esos pibes de Morón (o quizá fueran de Merlo), y trepamos las alturas que una tarde de mierda lo vieron caer a Luciano. O a Madryn, una tarde de viento, a gritar en la misma barda que Alterio eso de “la puta...”
Sí, la puta.
No, pienso, y me hago a la idea de que voy a tomarme solo esta botella de vino y las que vengan, estoy un poco dormido. Qué habré dormido, dos horas, dos que se hacen tres y me levanté un poco pelotudo: él no se iría sin avisarme. Por lo menos me daría tiempo a que le dé un abrazo, me devolvería los libros que tiene en su casa y no lee: la puta, sí, todavía no me devuelve Los mitos, La conjura de los necios, algún Cortázar viejo, y capaz que hasta le mangueo el gamulán, total, para qué carajo quiere un gamulán en Mallorca. Podría pedirle los vinilos, si no fuera que otro se los pidió antes, pero yo no tengo bandeja, yo no sé pinchar discos, yo no tengo paciencia.
Soy un boludo, digo, y sigo caminando despacio. Mi cuerpo ya se acomodó a la temperatura de la noche. Tengo ganas de meterme en cualquier bar de mala muerte (como si fuera en Malasaña) y tomar hasta caer de rodillas, pero me estorba esta bolsa y esta botella de vino.
Una cuadra más y un mensaje pide pista: estoy de viaje, voy llegando a Sierra, está todo el pueblo, che, me dice, y yo me acuerdo de esas tiradas que hacíamos de Buster Keaton. Nuestra hospitalidad, se me ocurre, en particular la odisea de ese viaje en tren, donde la gente se paraba al costado de la vía sólo para verlo pasar. Y pienso en mi pueblo, que no es tan pueblo como para que la gente se ponga a ver el tren.
Tené cuidado que pueden agarrarte a piedrazos, le digo, un abrazo.

Comments on "Amarcord"

 

Anonymous Anónimo said ... (18/9/07 02:46) : 

!

y !!! por el título.

y !!! por "tirarle" a la cana con Robert Graves.

Hoy estamos en Brasil Mayer, mañana podemos estar en "Ciudad de Lewis", por ahí hasta tomando una ginebra en el Touring o algo parecido.

"anónimo veneciano"

 

Anonymous Mayer said ... (18/9/07 09:01) : 

Me encantaría saber quién sos, che.

 

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