Jade May Hoey

1974-2004

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25.7.07

desovillé un desavillé

un poco la cabeza grande para este cuerpo pequeñito que en suerte me tocó y alimento y dejo crecer aunque acabe por estorbarme y por tanto yo me arrime, de nuevo, a los berenjenales de la culpa y qué sé yo, pero la cabeza, decía la cabeza, duele un poco, una buena cantidad pero no en toda la cabeza, digamos que hacia el polo sur, por llamarle de algún modo, se ha desatado la inclemencia del tiempo, que sabe dios cuando ha sido clemente, pero olvidemos al mal tiempo, y más bien rápido, que llevo ya varias semanas de levantar la vista en busca del cielo y veo siempre lo mismo, un cielo que se adivina por debajo desnudo envuelto en un desavillé de vieja, qué fea palabra esa, y qué vieja, es cierto, y esos aires franceses llevados de los pelos hasta dar en las narices de nuestra pretendida nobleza, esa palabra me recuerda a una cierta vecina que tenía yo allá lejos y hace tanto que ni siquiera se me había despertado el sexo, ella andaba siempre con ese aspecto de levantarse de la siesta, no era vieja, pero casi, quiero decir: hay un tiempo en la vida de los hombres en que todas las mujeres son mujeres y nada más, mujeres y por tanto lejanas, o sea que podría tener 35 años pero a mí me daba la sensación de que en cualquier momento la llevaban al hogar de ancianos, que en mi pueblo no hay asilo sino hogar de ancianos, pero no sería para tanto, estoy seguro, o quiero creer que lo estoy, porque a mí un poco me gustaba verla sacar un balde con agua de la cisterna, no ese acto en sí, qué se piensan, sino el inclinarse un poco hacia adelante enseñando las piernas, pero eso era cuando andaba de civil y no eran tantas las veces, pero hay que reconocerle algo: si venía a pedir prestada agua de mi casa, algo se arreglaba, el resto del tiempo se la pasaba en desavillé, lo que es decir toda una postura ante el día que nos toca y casi ante la vida, si se me permite la exageración, y ojo que estoy pensando en mí mismo, que desde que tengo piyama y me hice a la costumbre de usarlo, no hay día en que no lo use por al menos doce horas, es, en cierto modo, uno de esos amigos que a mí me gusta tener, admite todas las licencias que me tomo y esa es toda la maravilla que tiene, o alguien se atreve a decirme que es cómodo dormir en piyama, no, nada de eso, para dormir no hay mejor que estar en bolas, qué es eso de que la botamanga se arremangue por sí sola, o que en determinada posición lograda desde lo profundo del sueño venga el elástico y apriete y lo saque a uno de ese sueño en que por fin se le está declarando a la maestra de quinto, que esa si estaba buena, o ya era más despierto, eso no lo sé bien, o ha pasado tanto el tiempo que me gusta pensar que hubo en mi vida una gran mayoría de mujeres que me gustaron, que me gustaron porque eran lindas, y que eso precisamente es el pasado porque ahora ya ando interesado en otras cosas, todo culpa de la filosofía, culpa de ponerse uno a pensar más de la cuenta, el insomnio, los días en piyama, la vecina que ya no nos pide más agua

Comments on "desovillé un desavillé"

 

Anonymous angeles said ... (25/7/07 23:08) : 

me hiciste reír mayer, y pensar, por qué nos ponemos el uniforme para salir a la calle? si en piyama nos sentimos nosotros mismos

 

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