Jade May Hoey

1974-2004

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9.5.07

Minar el campo

A mí nunca me gustaron las mujeres mayores. No señor, bajo ningún concepto. Eso decía antes, y lo decía como se dicen las cosas: de la boca hacia fuera o, lo que es lo mismo, en el espacio de los otros. Lo dije muchas veces. Al menos eso creo y tanto lo creo que hasta he llegado a convencerme de lo que dije, de lo que dije muchas veces, y de que lo dije muchas veces pensando en que tenía razón.
Pero siempre hay una vez primera para el no, del mismo modo en que siempre hay una vez primera para un sí. Y si antes fue no, bien puede ser otra vez no, lo que, como cualquiera sabe, implica dos negaciones, una seguida de la otra: ¡una afirmación! ¡una afirmación encubierta!
Nos caen mal los infiltrados, los buchones, los que se mandan a campo enemigo con disfraz de cordero y resulta que acaban siendo corderos. Nadie adquiere otra condición por el mero disfraz, por eso tanto odio. Eso es marcar las cartas, birlarle la chance al azar de hacer lo que le viene en gana con tal de hacer lo que a otro le viene en gana.
La primera vez fue un accidente. Estaba allí, del mismo modo en que yo estoy aquí. La segunda vez, que todo era una sugestión mía. A veces se me ocurre cada cosa, que lo mejor que puedo hacer al respecto es echar mano al manto de piedad que todos deberíamos llevar en el bolsillo. La tercera, la supe inercia. Ya estaba en marcha, en algún momento se me acabaría el combustible y todos los escozores. La cuarta me di cuenta de que estaba en problemas.
Y me resigné a ellos, qué remedio. Para que los problemas sean problemas sanos y vigorosos es preciso criarlos con abundante agua y una guía que los libre de todo mal. A falta de alimento se secan y secarse para ellos es la muerte. Adiós problemas. El quid del asunto es que la mayoría de las veces uno bosqueja soluciones. Las soluciones insumen tiempo, recursos, malasangre. Y yo, no hace falta que se los diga, soy el esclavo de los relojes cizañeros, de los billeteras flacas y de la sangre que se atasca justo justo a la hora pico, así que preferí declararme en asamblea permanente todo lo que haga falta.
Si estas cosas no se componen, habrá todavía otras en las qué ocuparse y les aseguro, por la poca salud que me queda, que yo no estaré para ellas.

Comments on "Minar el campo"

 

Anonymous abril celeste said ... (11/5/07 07:14) : 

Hola Jorge. Sólo saludarte y decirte que hacía mucho tiempo (mucho) que no te leía, y bueno, creo que cada vez escribes mucho mejor.
Me acordé de tí al ver dos películas del director Carlos Sorín, cuyo escenario es la Patagonia, y en concreto en una de ellas sale Trelew. (historias mínimas, Bombón el perro...me encantaron). Veo que estás fenomenal, así que sólo mandarte un beso.

 

Anonymous maray said ... (11/5/07 11:46) : 

Yo, tambien como tú, creo que los disfrazes son la esencia. Que lo que uno niega, en realidad quiere decir sí. Que las cosas malas y las buenas tienen mucho poco a separarlas y que vivir es la arte de caminar en un hilo cortante y delgado. Pero esta es la opinion de una mujer mayor y las mujeres mayores..bueno, no hay que darles mucho credito...

 

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