Jade May Hoey

1974-2004

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18.5.06

Hechos

Me gusta mucho prestar libros. Muchísimo. Casi no me doy oportunidad de releer nada, así que los libros que ya he pasado -sin marcas, porque soy de los que leen y no marcan- se van apilando en alguna caja retirada del sol y de las manchas de humedad. Esto a falta de mejor ubicación. Algún día me mudaré y les daré un lugar de privilegio. Por lo pronto, decía, siento que están mejor en poder de algún amigo. Y cuando presto, presto de a varios. Alguno que me piden en concreto, otro de ese mismo autor, por las dudas que el primero no guste y -por qué no- un tercero, a discreción mía. Este último suele tener por finalidad extender el evangelio y de algún modo creo que viene a llenar el hueco que supone el no poder regalar los libros que yo jamás escribí.
Hace varios meses le presté a un pibe cuatro libros, todos a elección mía. El me había abordado con una inocente pregunta. Quiero leer algo, por dónde empiezo. Enorme privilegio el mío, ya que podía condenarlo a no tocar jamás un libro de nuevo, así que traté de ser cuidadoso. Elegí un Greene, un Cortázar, un Stevenson y un Steinbeck, todos ellos en ediciones baratísimas, con las tapas algo ajadas, pero todos ellos de enorme deleite en la lectura.
Pensé que nunca me los devolvería, pero ayer se apareció con los libros en la oficina y yo en vez de agradecerle el gesto, soy un maldito cabrón, eso ya lo sé, le reproché que me obligará a cargarlos de vuelta a casa. Seguramente el colectivo estaría tan lleno como mi bolso y el viaje de regreso sería una odisea.
Pero después le pregunté por la experiencia y me sorprendí gratamente de que me festejara el Steinbeck, que es bastante amargo. Le pregunté por Cortázar (Todos los fuegos, el fuego y Octaedro en la edición de tapas azules que publicó Ñ). Me dijo que muy lindos los primeros pero insoportables los últimos. Sí, claro, le dije, desde que Julio se dejó crecer la barba escribió puras porquerías, pero en verdad no me acordaba bien qué había en Octaedro.
Entre las porquerías estaba Lugar llamado Kinsberg -siempre diré Koningsberg- y Cuello de gatito negro. Puta, ojalá algun día yo pudiese escribir porquerías así.
Estoy echando de menos, porque todavía no me lo han devuelto, y lo presté antes de terminar de leerlo, a Conrad, a El Corazón en tinieblas. Esa fue una apuesta fuerte. Se lo ofrecí a un profesor de secundaria para que se los dé a leer a los pibes. Pensé, ingenuo de mí, que podría funcionar. Es un libro apasionante. Para beberlo despacio. Y me pareció que era la cumbre de mi obra evangélica, pero el profe me dijo que muy bueno, pero demasiado metáforico, los pibes no leen lo que a vos te gustaba leer a los 15.
Igual no me lo ha devuelto.

Comments on "Hechos"

 

Blogger vadinho said ... (19/5/06 18:56) : 

con algunas excepciones -cada uno sabe cuales- no hay nada más viejo que un libro leído.

 

Anonymous fander said ... (19/5/06 21:15) : 

No estoy de acuerdo. Es una cuestión de casuística. Hay libros que uno querría para siempre y hay otros que desearía no haber leído jamás.

El año pasado terminé por tercera vez Rayuela -a medias con un amigo-y creo que fue la última vez, pero fue estupendo seguir encontrando cosas, pero no volvería a leerlo. Es un libro pendejo y yo ya no.

Lo mío pasa por otro lado. Ahora que lo pienso, quizá sea un modo de recompensar en mis amigos la generosidad que otros han tenido para conmigo.

 

Blogger la enmascarada said ... (20/5/06 14:28) : 

Sos una persona realmente generosa y confiada, fander. Me cuesta mucho prestar mis libros y compacts, para mí la amistad es como los círculos del infierno de Dante (pero más amable, claro), solamente los más cercanos al anillo del centro (mi corazón) merecen que les preste un libro, a los demás les presto todo (vestidos, zapatos, bici, destornilladores), menos libros y CD. Y a los que más quiero solo les regalo libros que yo haya leído y considero pertinentes para ellos.
Pero a decir verdad, mi vida de lectora se hubiera visto seriamente afectada si no hubiera en el mundo más gente como vos que ha colaborado prestándome pilas de libros.
Gracias por existir.

 

Blogger Silvia Sue said ... (22/5/06 09:36) : 

Fander, cómo se las ingenia para que lo admiren pero sobre todo para que quieran mucho, pero mucho, eh.
Se lo dice una víctima.

 

Anonymous pablo said ... (24/5/06 16:28) : 

Siempre, respecto de esto, pienso en aquella frase de las dos categorías de boludos y me compruebo perteneciente a ambas: los presto y los devuelvo. Es como una especie de potlach, ¿no?

Con los CDs me cuesta más, ahí soy más egoista... ¿para qué prestar lo que se puede ripear? Los MP3 son una cura para la mezquindad, y además, multiplican indefinidamente el acto evangelizador...

 

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