Jade May Hoey

1974-2004

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27.4.06

By the left, quick march, Crua chan!

Luca era, qué duda, un adelantado. Casi veinte años antes de este letargo, él bautizó After Chabón a uno de los discos de Sumo, posiblemente el mejor de todos, aunque, si establecer jerarquías es siempre una tarea arbitraria, la faena se vuelve temeraria cuando uno se mete con una banda tan heterodoxa.
Abrimos con Crua Chan el disco y bien podríamos cerrar con esa canción, con el alarido que le da nombre, una etapa hermosa de la vida de los artistas, como le llamábamos en privado a la banda de atorrantes que eran mis amigos a principios de los noventa, cuando doblábamos el codo de nuestros estudios de nivel medio.
Sin que sea motivo de orgullo, bien podíamos jactarnos de ser el grupo de los peores alumnos de la peor de división de la que probablemente fuese la peor horneada de mi escuela. El sistema educativo todavía no había acabado su mudanza al mundo moderno y nosotros, los de la promoción 92, éramos los conejillos de indias de un experimento cuyos nefastos resultados están a la vista.
Uno de los experimentos, se me ocurre que el más arriesgado, era agrupar a las asignaturas en supramaterias de nombre rutilante: Mundo socio-cultural, Ciencias de la comunicación y la expresión y Ciencias naturales y exactas. Se aspiraba, al menos en los papeles, a lograr un desarrollo conceptual que fuese a la vez integral e integrado pero los docentes, a pesar de ser en su mayoría bastante jóvenes, tenían bastante apego al modelo tradicional. Historia siempre fue Historia y eso estuvo bien. Inglés fue siempre Inglés y yo no me atrevería a alzar mi dedo índice para cuestionarlo.
Pero el caso es que, en los dos últimos años de enseñanza, los dos primeros bloques de 80 minutos, de lunes a jueves, se dedicaban a estos estudios integrales e integrados de una de las áreas a razón de una a la semana. El viernes, sin dar demasiado tiempo al repaso, a la sedimentación de conceptos, tenía lugar la evaluación que, por si esto fuera poco, se medía en función del cumplimiento de objetivos, por ejemplo "comprensión de enunciados" o "juicio crítico", como si alguien pudiese desarrollar juicios críticos sin comprender qué es lo que le preguntan.
En fin, así salimos.
Entre las hazañas de mi banda, la mejor de todas sucedió, creo, el viernes en que truncamos la planificada evaluación usando un ardid que mejor hubiese sido que aplicásemos a otros fines, por ejemplo a repasar los apuntes que nos dictaban. De todos modos, modestia aparte, no estuvo nada mal. A nosotros, los de quinto tercera, nos tocaba Mundo socio-cultural y andábamos viendo qué onda los vasallos en la tierra de los Balcanes. Un despropósito.
El Rata -todos teníamos un apodo; yo echo de menos que hace muchos años nadie me diga Topo- había conseguido en una cerrajería una buena cantidad de llaves tipo paleta y se tomó el trabajito de limarlas hasta que la paleta quedase apenas unida al resto de la pieza por un hilo. Lo demás fue mucho más sencillo. Hubo que conseguir pegamento, terminar de ver Canal K en la tele y juntarnos en lo del Gallego que, a pesar de sus diecisiete, vivía con su hermano, el Chapa, en un cuchitril que nos servía de bunker para nuestros pequeños ilícitos.
Era medianoche. Encaramos por la calle de la bajada tan contentos y tan solos que cantábamos Esta es la luz de Cristo sin temor que a alguien le sorprendiese que una barrita de muchachones ande durante la madrugada de un viernes. Eramos seis. Dos se encargaron de apostarse frente a la puerta para materializar el plan y el resto ocupamos todos los flancos como si fuéramos el comando de una serie yanqui. Al plac de las llaves rotas le siguió la aplicación de Poxi-pol o Suprabond, ya no recuerdo, y listo el pollo. La Brujita, siempre tan afecto a la sobreactuación, dejó escrito en los vidrios: "Esto es sólo un aviso. La semana próxima..."
Nos saludamos sin mucho afecto y cada quien a su casa porque ya era tarde y al otro día correspondía madrugar. No era tampoco la cuestión de pegar el faltazo en un día tan especial. En efecto, siendo las siete y cuarenta y dos, como todas las mañanas, llegué y me puse a buscar a mis amigos entre todas las caras, que lucían consternadas pero, todos lo sabíamos, tapiaban la risa de ver a las tres o cuatro agentes de policía tratando de forzar las puertas. La directora del colegio, media hora después, ante el fracaso de la acción policial, pegada al mástil, golpeó un poco las manos para llamar al silencio pero se privó de prometer amenazas, alguien miró hacia nuestro sector, pero a nadie le dimos bola y marchamos, de nuevo, a lo de el Gallego, a celebrar la hazaña.
No pudieron abrir ninguna de las puertas hasta pasadas las cinco de la tarde. La semana siguiente la policía dispuso de un operativo de custodia que no hizo más que inflamar nuestros egos. Ese viernes, el Gallego y yo, dos sujetos portadores del artificio del pelo largo y el destudiado desaliño, pasamos por el kiosco Bonanza a comprar Coca Cola y Suprabond. La vieja que nos atendió preguntó -no me olvidó más de su nariz arrugada- para qué queríamos el pegamento. El Gallego se tomó entre las manos el pie derecho -ahora seguramente no podría hacerlo sin desgarrarse- y mostrando la suela le dijo: es que el zapato me habla, señora.

Comments on "By the left, quick march, Crua chan!"

 

Blogger cienveces said ... (29/4/06 11:09) : 

muy buenas sus andanzaz

 

Anonymous fander said ... (29/4/06 16:32) : 

Graziaz.

 

Blogger vadinho said ... (29/4/06 21:53) : 

muy graciosa esta historia. le cuento que ayer estaba escaso de tiempo e hice los enlaces leyendo la primer línea y este post se llamó "luca", cuando volví a leerlo tranquilo vi que no hablaba del pelado, me causó doble gracia.

 

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