Jade May Hoey

1974-2004

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17.1.06

Donde los fantasmas

Los viajes me aturden.
Antes de partir siempre estoy pensando en lo espantoso que me resulta el regreso. Creo que si tuviera la chance de volver del infierno no me molestaría demasiado quedarme con tal de evitar someterme a una nueva partida.
Debe ser culpa de mi pueblo.
Mi pueblo no tiene nada de acogedor para mí, excepción hecha de la casa de mis padres. Las calles apenas se dejan caminar. El pertinaz viento nos condena a vivir dentro de una perpetua polvareda. Y allí tengo mi pasado, esa costra que no puedo despegar de mí. Mi pasado no me depara más que un solo gravamen, pero es, bastante como para fastidiarme. Hablo de los viejos conocidos que por viejos se han vuelto desconocidos, sombras que salen de la nada para apiñarse en torno a mí en cualquier esquina, pugnando cada uno por excitar a mi memoria.
En un primer momento me atrofia el desconcierto. Los veo ahí, en exceso cordiales, pretendiendo algo de mí, algo que no llevo en los bolsillos ni puedo compensar por vueltas que me empeñe en buscar. No los recuerdo. Derechamente se han ahogado en el olvido.
Pero puedo evitarlos y en efecto lo hago. Cuando viajo me recluyo. Trato de no salir de mi habitación más que para comer o ir al baño. Si escucho que alguien toca la puerta paso como puedo el mal trago. Que la tiren abajo si quieren. De todos modos no atenderé.
Mamá hace malabares para que no se desplanchen las camisas que a presión metió en el bolso y una hora antes de la hora señalada y bajo el sol atroz del verano, finalmente partimos. Peco por la demasiada puntualidad pero tengo pánico de que el coche se vaya sin mí. Todas las veces esperamos mucho más de la cuenta y la demora le da al cuadro los matices de una pesadilla en technicolor.
Con los ojos abiertos sueño que el colectivo no llega nunca o que llega y no hay lugar para mí, o que en el medio de la ruta me echan a patadas de la butaca y me quedo para siempre. Allí o en algún punto del camino, sin solución, me quedo.

Comments on "Donde los fantasmas"

 

Blogger Magda said ... (17/1/06 23:12) : 

Que cosas... se teme quedar y, al mismo tiempo, duele irse. Recuerdo cuando por cuestiones de vida tuve que dejar la casa de mis padres la primera vez, lloré todo el camino de llegada a la nueva casa que ocuparía. Ya ahí las cosas nuevas que me esperaban me hicieron "olvidar" las lágrimas. Pero siempre que regresaba, me volvia a pasar lo mismo de regreso...

Quizá llevamos pegado lo que nos conforma.

Muchos saludos

 

Anonymous ella y su orgía said ... (18/1/06 20:24) : 

A mí también me cuestan mucho los regresos, aunque esos supongan la vuelta al lugar donde he elegido estar. Y también tengo esa misma costra que describes, y me cruzo con fantasmas ajenos cada vez que regreso a mi antigua ciudad.
De una cosa estoy segura: para ti siempre habrá un lugar, y si te quedas en un punto del camino será porque tú lo decidas.

Abrazo orgiástico y besexcesos.

 

Anonymous fander said ... (18/1/06 23:13) : 

Temo que esa ajenidad uno la lleva a todos los sitios porque es de ninguna parte.

Parafraseando a alguien que no me cae mucho en gracia: mi patria, lo mejor que pueda concebir, ocurre dentro de mí.

 

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