Jade May Hoey

1974-2004

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21.1.06

Aprender de los adioses

Por Agustina Rossi
en Resartus, Febrero/06
Prefirió las curvas a las rectas. Tal vez por eso la tarde del sábado 21 de enero se sintió compelido a volver un arma contra sí para acabar con su vida: todo recordaba a la bochornosa tarde en que su madre lo trajo a estas pampas. El primer punto del círculo besaba el culo del último.
Allí dondequiera que pasee ahora la pena de su alma, refunfuñará por mi pretensión evocativa. No quiso para sí una María Kodama o un Max Brod que hagan de su nombre un tótem pero, mal que le pese, de él, de sus frustraciones, de la intensidad de sus pasiones, de la enjundia con que labraba sus rencores, hablarán la posteridad.
Creía que todo en la literatura eran el sexo y la metáfora, por eso me permito rescatar un fragmento de nuestra última conversación: digan lo que digan, escribir tiene mucho de sexo, y así como la religión y los escritores confusos estarían felices de saber que sólo cogemos para tener hijos o escribimos para llenar libros; al contrario, no es desperdicio la leche derramada por hacerse una paja, sea de a uno, de a dos, o de a cincuenta ni una carta fastuosa escrita a un alguien, cierto o inventado.
Era megalómano.
Tanto quiso parecerse a Borges que trabajaba en la composición de una historia de la literatura patagónica. Por cierto, no es descabellado pensar que era otra de sus bromas, tanto es así que en el texto encontrado había nada más una semblanza de alguien que también se llamó Jorge Mayer:

…Quiso ser, como Scott Fitzgerald un escritor hecho de fracasos y, al modo de Byron, confundir en una sola cosa la vida y la obra. Tomó de Joyce la maldita manía de ocultar en sus textos innúmeras bombas que aún nadie ha desactivado por completo y de De Quincey el párrafo más feliz de la literatura como estandarte: aquel con el que culmina El asesinato como una de las bellas artes. Dejó un modesto tratado sobre el buen gusto que algunos leyeron como un plagio del Pedro Páramo y unos pocos como lo que en verdad fue: el esforzado reclamo de gastar la vida y no ser gastado por ella, y un epistolario amoroso de ciento catorce volúmenes.
Cobijó un sueño que a nadie ocultaba: reconciliar a la literatura con los lectores. Por eso fundó Resartus, una revista literaria que ubicó en la ciudad más superficial del mundo: Puerto Madryn. Por y para esa empresa quemó todo su acervo en aras de difundir la obra de autores que, como él, prometían mucho para fracasar en el intento. Con nombre de mujer firmó cada uno de sus textos. Utilizaba su columna favorita para comentar esos clásicos que nadie ha leído. Con una excusa baladí parió una nueva forma de ejercitar la crítica bajo la lumbre del faro de su pomposa genitalidad.
Nunca se hubiese atrevido a confesarlo, pero con su inoportuna muerte tuvo un solo propósito: seguir el rumbo de la única que en verdad amó en cortejo nupcial bajo las praderas de esa Escocia que Borges, al amparo de la ceguera, vio parecida a la interminable Patagonia.
Solía repetir que las primeras palabras que oyó fueron las que la doctora dirigió a su madre: Gabi, tuviste un cieguito. Yo, desde este pasquín que nunca volverá a leer, le ofrendo, como últimas palabras, aquello que en verdad le gustaba escuchar: Mayer, no sé si por bueno o por malo, pero nadie escribe como vos.

Comments on "Aprender de los adioses"

 

Blogger Marce said ... (22/1/06 02:42) : 

Bonito panegírico.
Mirá que andás siniestro, che!

 

Anonymous ella y su orgía said ... (22/1/06 16:47) : 

Todo es sexo. Algún día los pacatos y los iletrados en el arte de amar se darán cuenta de ello.
Tipo inteligente este, al firmar con nombre de mujer y reírse así de los incultos que en más de una ocasión denominarían su obra como literatura femenina.

Abrazo orgiástico entre besexcesos.

 

Anonymous Lou said ... (22/1/06 22:53) : 

Mayer, no sé si por bueno o por malo, pero nadie escribe como usted.

 

Blogger Néstor said ... (23/1/06 11:02) : 

Organizaremos concursos de epitafios y ya saldremos en peregrinación hacia su tumba.

 

Anonymous fander said ... (24/1/06 23:59) : 

No es para tanto, che!

 

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