Jade May Hoey

1974-2004

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12.9.05

Enormes caramelos con sabor a regaliz me recordaron que nunca debí dejar de comer caramelos. No sé por qué hago algunas cosas ni mucho menos por qué postergo emprender otras. No sé por qué no se trata de un solo encadenamiento sino de varios a la vez y con eslabones comunes y en cada postergación sólo dejo para mañana la explosión, la necesaria explosión. De momentola purga ha venido bien. Ha sido la mejor manera de guardar la ropa de invierno. Al principio se siente la desnudez del cuello sin bufanda, pero después de andar un par de cuadras uno se da cuenta de que la libertad tiene un gusto más bien helado. Lástima que la tibieza que promete, y a menudo reporta, uno y todos los regazos, se parezca tanto a la quietud, a la inmovilidad de los cadáveres. Llegar a un puerto y estar contento con él es buena cosa mientras dura pero es de los buques andar por la mar y sin referencias. Hoy aquí, mañana sabe dios dónde. En calma o tempestad siempre un buque que persigue enormes caramelos de regaliz.

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